Ariel Maceo Téllez, el creador frente al decreto

El Decreto 349, publicado el pasado 10 de julio en la Gaceta Oficial de Cuba y actualmente en proceso de ajuste por el funcionariado cultural castrista, sirve a las fuerzas represivas en el poder para controlar las presentaciones de los artistas independientes y deja numerosos resquicios para colar la censura institucional. Incluso apunta hacia la literatura, llegando a prohibir la venta de libros de personas “naturales y jurídicas” que contengan “textos lesivos a los valores éticos y culturales”. A propósito de esta nueva vuelta de tuerca contra la cultura independiente en Cuba, entrevistamos al creador Ariel Maceo Téllez:

Cuéntanos sobre tus inicios en la creación Independiente. ¿Qué te impulso a crear y cuáles fueron tus primeras obras?

Soy un joven artista en la Habana. Siempre estuve rodeado de artistas. Pintores, diseñadores, músicos, socios del barrio que crecimos juntos. Y un día se me ocurrió que quería escribir algo. Estuve semanas pensándolo hasta que una mañana tomé una libreta y escribí un cuento que se llama La última batalla del Quijote. Esa fue mi primera obra. También me gustaba la fotografía, gracias al cine. Dos semanas después pedí una cámara prestada a una vecina y salí a La Habana a tirar mis primeras fotos. En ese momento no tenía formación ninguna, ni en la literatura ni en la fotografía. Solo tuve el impulso para hacerlo. Todo eso ocurrió en el mismo mes. Tenía 19 años.

¿Cómo definirías tu obra en general y cuál es su principal característica u objetivo?

Mi obra es cubana, incluso me atrevería a decir que es habanera, aunque eso ha ido cambiando con el tiempo. Mi obra es visceral, grotesca y bella al mismo tiempo. No es novedosa, pero sí tiene la particularidad de ser diferente con respecto a los otros artistas de mi generación. Porque el arte de mi generación, salvo algunas excepciones, tiene el mismo discurso ambiguo, y la mala manía de aunar palabras sin decir nada conciso, y mucho menos sincero. Y mi obra al menos es diferente en eso. Sea en la literatura como en la fotografía, a mí me gusta que mi obra cuente historias, las que suceden a mi alrededor. Que sea sincera, porque me gusta conectar con el espectador, que se sienta identificado. Soy un artista que crea para la sociedad. Ese es mí principal objetivo. Ya lo he dicho otras veces: Todo arte debe estar vinculado a la sociedad, al momento que vive su país. El artista que no respete esto, es un artista muerto.

¿Conoces el decreto 349? ¿Cuál es tu opinión sobre él y que le dirías a sus defensores?

A continuación, les dejo un artículo que publiqué en el Havana Times y en la revista Árbol Invertido. En este artículo reflejo lo que pienso con respecto al decreto ley 349, y sus defensores deberían leerlo, concientizar y por último derogar esa ley. Porque está en juego la cultura nacional.

Retorno forzado a la Edad de Piedra

El decreto ley 349 no es otra cosa que traición a la patria. Cuando esa ley se implemente en diciembre, todo lo que conocemos como Arte Cubano se va a borrar de nuestro mapa. El gobierno de Cuba en conjunto con el ministerio de cultura, con tal de tener absoluto control sobre toda forma de arte que se haga en la isla, y además, su mercado, están a punto de sepultar la gran cultura de esta bella nación. Están a punto de convertirnos en mediocres, están a punto de lanzarnos al fondo de una lista mundial que los artistas cubanos hemos liderado de una forma u otra:

Contigo en la distancia, El manisero, El rapto de las mulatas, Gitana tropical, La jungla, La silla, Cecilia Valdés, Paradiso, El reino de este mundo, Poemas sin nombres, Un rey en la Habana, Un unicornio azul, Yolanda, Pequeños sueños, Muros y puertas, Mascaras, Pinta mi amigo el pintor, Tres tristes tigres, Habanecer, La anunciación, Victoria de Girón, Bacalao con pan, El gato Vinagrito, El buey cansao, Se fue pa la azúcar, Ofelia, Presiones y diamantes, Fresa y chocolate, El wachineo, Memorias del subdesarrollo, Los 7 contra Tebas, Foto de familia, Clandestinos, Contigo pan y cebolla, Súbeme la radio, La extranjera, Variedades de Galiano, El palón divino, Polémicas culturales de los 60, Mi papito, Sin Julieta, Barquito de papel…

Y muchas otras grandes obras de artistas cubanos, quedarán en la nostalgia. Irán desapareciendo poco a poco, porque muchos de los artistas que las crearon no tuvieron formación académica o artística, y tampoco pertenecían a alguna empresa o institución cultural. Solo tuvieron el genio de saberse capaces de poner en alto la cultura nacional y lo lograron.

Lo más triste de todo, es que después de diciembre habrá un nuevo orden cultural en Cuba, será un ataque directo a toda forma de arte libre. Será un retorno forzado a la edad de piedra.

Un nuevo quinquenio gris se asoma a la puerta, solo que ahora es peor, porque lo que en su momento se trató de ideología ahora se trata de extirpar la semilla, de lo que crece y perdura. Si alguna vez tuvimos a un Chori en las playas de Marianao, o una Cátedra de conducta, Arte calle, Elvis Manuel en la Tropical, con el 349 es como si esos artistas nunca hubieran nacido, porque no los dejarán nacer. Van a serruchar el desarrollo de cada persona que sea capaz de crear algo. Porque no les permitirán presentarse al público, y eso es como dejar una rosa de hielo bajo el sol. Vamos a perderlo todo.

El Ministerio de Cultura tiene ahora mismo la posibilidad de evitar lo que sería una confrontación directa con cada artista de este país. Pero sabemos desde hace mucho tiempo como funciona esto. Ellos no harán nada, se escudarán detrás del rostro de Iroel Sánchez, que es otro traidor a la patria, y van a intentar crear la brecha definitiva entre arte y derecho. Algo que nunca han logrado, por cierto. Pero el totalitarismo es una serpiente sin cabeza, es muy peligroso.

Así que no permitan que unos pocos echen por tierra lo que heredamos de Compay Segundo, Polo Montañez o Juan Carlos Flores. No permitan que eso suceda. No se queden indiferentes, echen la pelea contra el decreto ley 349. Todo enemigo puede ser derrotado, y está en juego la cultura cubana. Hay que defenderla.

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