Rafael Almanza y el amor universal

por Luis Cino

Es una crasa muestra de injusticia y miopía anticultural: a pesar de la extensión e importancia de su obra, Rafael Almanza Alonso es poco conocido en Cuba, y menos aún reconocido por los decisores de la cultura oficial.

El propio Almanza, en sus palabras de aceptación del Premio Nacional de Literatura Independiente de Cuba ‘Gastón Baquero’, explicó el por qué de esa injusticia: “Soy independiente de la mentira, y eso, en mi país, tiene el precio del anonimato.”

Desde su época de estudiante, en los años 70, los mandantes de la anticultura esgrimieron contra Almanza los inefables “problemas ideológicos” que tanto intelecto troncharon y siguen tronchando. Solo que, en su caso, solo consiguieron fortalecer sus convicciones y hacerlo más libre.

Los censores no lograron cortarle las alas de crear a Almanza: incorregible, testarudo, se las arregló para que fueran más amplias y potentes y batieran con ritmo propio.

Los comisarios, invocando esas “razones ideológicas”, prefieren amamantar a un hato de mediocres, improvisados y serviles, y perder a un verdadero intelectual de valía, solo porque no acata y comulga al dedillo con sus chatos y grises preceptos.

Almanza, un camagueyano de 61 años, con una copiosa barba que le da aspecto de profeta bíblico, es poeta, narrador, periodista, crítico de arte y literatura, investigador de la obra de José Martí, promotor cultural, curador, realizador de videos, y puede que sea algo más que se me escape de tantos campos en que incursiona (hasta libretos de ópera ha escrito).

Autor de más de una decena de libros de poesía, ensayo y narrativa, desde el año 2003 es editor de Homagno, una editorial sin fines de lucro radicada en Miami que fundó con sus amigos los escritores hoy exiliados Carlos Sotuyo y Antonio Domínguez.

Almanza, que a inicios de los 90 volvió a la fe católica, agrupa la mayoría de su obra en un proyecto abierto, dividido en seis secciones, que denomina El Amor Universal. Al respecto, explica:

“A los 18 años empecé a construir El Amor Universal, que inicié como un poemario y ha terminado, a mis 60, como el intento de un libro de libros, una secuencia de literaturas basada en las posibilidades de la poesía para el conocimiento trascendental, lo que me ha llevado a imaginar diez unidades de sentido que incluyen, desde luego, la poesía, pero además la narrativa, el ensayo, la crítica literaria, la biografía, el periodismo y otros géneros paraliterarios, y cualquier actividad creativa que me permita acercarme al Amor como la realidad fundamental del ser humano, a la verdad nuestra que es idéntica al Ser de Dios por imagen y por semejanza.”

Audaz, creativo, Almanza, con el poema visual, el poema objeto, el performance, ha recurrido a la imagen, aun al audiovisual, para defender y apoyar su poética, sin que esta vea afectados sus dones. Asegura que “es otro período de la expresión poética que no anula las conquistas anteriores sino que las expande y refuerza”. Así, gran parte de su poesía puede ser leída como discurso a la vez que vista como imagen.

Rafael Almanza (izq.) junto al poeta y editor Francis Sánchez

Herético por naturaleza, Rafael Almanza, que afirma haber estado siempre en contra de “los modos y las modas del día”, sin despegarse de la tradición, se inscribe en el posmodernismo. Y lo hace de un modo natural, sin rebuscamientos, desmesuras ni solemnidades impostadas a la fuerza. “Nada de negaciones ni de depresiones ni de gente que se tira del quinto piso”, dice, y se considera fiel a “la vocación de alegría de los cubanos.”

“Enderezar al mundo es el mensaje central que he recibido de mi pueblo y de mi historia en El Amor Universal, enderezar a mi patria y enderezarme yo mismo en dirección al Amor Universal, que nos dice que todo está bien, la vida y la muerte, el fracaso y el éxito, el pecado y la santidad, porque somos inexorablemente caridad en el Amor y Él nos tripula hacia la plenitud de su Caridad”, explicó Almanza en su discurso de aceptación del premio nacional de literatura independiente Gastón Baquero.

Cada año Almanza realiza La Peña del Júcaro Martiano. Iniciada en 1995, es la peña cultural independiente más antigua del país. Desde hace más de veinte años, su casa en Camaguey es sitio de reunión de escritores y artistas. Ojalá pueda visitarla un día y entrevistar a ese intelectual extraordinario que la mora e imparte cátedra allí.

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