Miguel Coyula, el cineasta frente al decreto

El Decreto 349, publicado el pasado 10 de julio en la Gaceta Oficial de Cuba, sirve a las fuerzas represivas del castrismo en el poder para controlar las presentaciones de los artistas independientes y deja numerosos resquicios para colar la censura institucional. Incluso apunta hacia la literatura, llegando a prohibir la venta de libros de personas “naturales y jurídicas” que contengan “textos lesivos a los valores éticos y culturales”. A propósito de esta nueva vuelta de tuerca contra la cultura independiente en Cuba, entrevistamos al cineasta Miguel Coyula:

Cuéntanos sobre tus inicios en la creación independiente. ¿Qué te impulsó a crear y cuáles fueron tus primeras obras?

La necesidad de expresar mi mundo interior. Clase Z Tropical, Cucarachas Rojas, Memorias del Desarrollo, Nadie…

¿Cómo definirías tu obra en general y cuál es su principal característica u objetivo?

Me ha interesado siempre el cine de autor, independiente en contenido y forma, así como los personajes inadaptados. Mas no puedo decir más porque eso le ha correspondido siempre a los críticos, no a mí.

¿Conoces el Decreto 349? ¿Cuál es tu opinión sobre él y qué le dirías a sus defensores?

Lo que tengo que decir del decreto fue publicado hace unas semanas en Havana Times:

Anti decreto

Uno de los fallos más obvios es que este decreto no ha sido confeccionado por un artista. Se refiere a las disciplinas artísticas como servicios implicando que es un negocio privado como cualquier otro. Esto deja fuera de la ecuación a los que no vivimos del arte sino que vivimos para el arte.

Coyula trabajando. Foto de Javier Caso

Soy un cineasta independiente. Hablaré específicamente del cine. Este proyecto de ley propone con sus restricciones una producción audiovisual blanda y complaciente, tanto política como existencialmente, para nada distinto del Hollywood frívolo que tanto criticaron, cuyos modelos RTV Comercial hoy sigue al pie de la letra.

Una vez más los realizadores e intelectuales buscan otros horizontes fuera de la Isla, mientras buena parte de los que permanecen no hablan con la fuerza que hay que hablar. El barco se está hundiendo. Lo que propone el decreto es un cine no agresivo desde el punto de vista político, sexual, o violento.

El arte que mueve el pensamiento de una sociedad es el que sacude a su interlocutor, sino deja de ser arte, se convierte en entretenimiento, objeto decorativo, escapista, masivo, como salido de una fábrica. Y no puede existir una fábrica de arte, como tampoco leyes para la creación pues ambas cosas son incompatibles con la naturaleza propia del arte.

Por eso con o sin decreto, seguiré haciendo cine independiente. No solo porque sea financiado con mi bolsillo, sino porque defiendo su autonomía en contenido y forma. Ese es el cine que me interesa y los obstáculos siempre alimentan la fortaleza radical de su creación.

Si nos convierten en delincuentes del arte seríamos el único país en el mundo quizás junto a Norcorea, pero parece que este gobierno hace todo lo posible por seguir aumentando su impopularidad, ya incluso sin la propaganda mística que esparcieron internacionalmente sus fundadores.

Seremos entonces criminales del arte pues las leyes y las reglas se hicieron para quebrarlas y enfrentar las consecuencias. Los escándalos continuarán socavando el poco prestigio internacional que le queda al régimen.

No puedo renunciar a lo que soy, eso va más allá de una nación. Ya viví en el monstruo, pero tampoco se trata de patriotismo. Simplemente para mí no existen términos medios ni compromisos con mi obra, que es mi vida.

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