Jorge Olivera, el escritor frente al decreto

Jorge Olivera entrevista a María Elena Cruz Varela

El Decreto 349, publicado el pasado 10 de julio en la Gaceta Oficial de Cuba, sirve a las fuerzas represivas del castrismo en el poder para controlar las presentaciones de los artistas independientes y deja numerosos resquicios para colar la censura institucional. Incluso apunta hacia la literatura, llegando a prohibir la venta de libros de personas “naturales y jurídicas” que contengan “textos lesivos a los valores éticos y culturales”. A propósito de esta nueva vuelta de tuerca contra la cultura independiente en Cuba, entrevistamos al escritor,  y presidente del Club de Escritores Independientes de Cuba, Jorge Olivera:

Cuéntanos sobre tus inicios en la creación independiente. ¿Qué te impulsó a crear y cuáles fueron tus primeras obras?

Comencé a escribir en 2003 durante el tiempo que estuve confinado en una celda de aislamiento de la prisión de Guantánamo.

Aunque mis primeros escritos fueron en la década del 80, los agobios del cautiverio en condiciones tan adversas fueron los que me impulsaron a tomar la literatura como una herramienta vital de expresión y de supervivencia.

Mis primeras obras fueron poemas. He publicado 5 cuadernos de este género literario. El primero se titula Confesiones antes del crepúsculo publicado en el 2005 y el ultimo Quemar las naves en el 2015.

¿Cómo definirías tu obra en general y cuál es su principal característica u objetivo?

En mi obra poética he tocado todos los temas que atañen al ser humano: el amor, el dolor, la maldad, el pesimismo, la esperanza y por supuesto también mis experiencias en un entorno hostil donde se castiga el ejercicio de la libertad de expresión.

En ninguno de mis cuadernos faltan los poemas políticos y sociales, donde expongo en versos parte de nuestro sufrimiento y nuestro desamparo en los dominios de una dictadura.

¿Conoces el Decreto 349? ¿Cuál es tu opinión sobre él y qué le dirías a sus defensores?

Lo interpreto como la continuidad de esa represión que, de una u otra manera, ha padecido el sector cultural desde la década del 60 hasta la actualidad. Basta recordar la parametración y el Quinquenio gris, dos evidencias del sostenido ciclo represivo contra escritores y artistas que han intentado saltarse los límites impuestos por el poder central.

A sus defensores, solo decirles que han apostado mal. Conceptualmente el Decreto 349 manifiesta, una vez más, la irracionalidad de quienes gobiernan el país como si fuera su finca particular.

Las prohibiciones injustificadas y tendientes a reforzar los muros del exclusivismo ideológico, merecen el repudio sin ningún tipo de vacilaciones. Apoyar eso, sean cuales sean los argumentos, es una aberración y una artera complicidad con los responsables de haber convertido a Cuba en un almacén de ruinas y mezquindades.

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